(Artículo basado en la conferencia “Comprender y gestionar la ansiedad”, realizada en la Biblioteca de la Sagrera)
La ansiedad no discrimina por edad ni contexto: puede aparecer en cualquier etapa de la vida. Entender qué es, cómo funciona y cómo se manifiesta en nosotros es el primer paso para reducir su impacto y recuperar espacios de calma y autonomía.
¿Qué es la ansiedad y para qué sirve?
La ansiedad es un mecanismo natural de defensa. El cerebro detecta posibles amenazas y activa el cuerpo para protegernos.
El problema no es “tener ansiedad”, sino cuando se activa en exceso o en situaciones cotidianas, interfiriendo en la vida diaria.
Ansiedad, trastorno de ansiedad y ataques de pánico
- Ansiedad adaptativa: respuesta normal ante un reto (un examen, una entrevista…).
- Trastorno de ansiedad: preocupación persistente y desproporcionada que afecta al día a día.
- Ataque de pánico: episodio repentino e intenso (palpitaciones fuertes, falta de aire, mareo, sensación de irrealidad, miedo intenso a perder el control). Suele durar entre 5 y 30 minutos, es muy desagradable, pero no es peligroso.
Cómo diferenciarlos rápidamente:
- Si aparece de golpe, con miedo extremo y síntomas físicos muy fuertes → pánico.
- Si crece poco a poco, como una tensión sostenida, y dura más → ansiedad.
Claves para convivir mejor con la ansiedad
1. Acepta y comprende los pensamientos ansiosos
El cerebro está programado para detectar peligro: por eso aparecen pensamientos automáticos y a menudo catastróficos.
No luches contra ellos ni intentes suprimirlos; obsérvalos y déjalos pasar.
La aceptación disminuye su intensidad.
2. Cuestiona la catástrofe
Hazte preguntas que te devuelvan a la realidad:
“¿Qué pruebas tengo?”, “¿Es tan grave como parece?”, “¿He manejado situaciones similares antes?”.
Reformula: de “haré el ridículo” a “estoy aprendiendo y puedo hacerlo lo mejor posible”.
3. Exposición progresiva al miedo
Evitar lo que tememos mantiene y amplifica la ansiedad.
Acércate poco a poco, con pasos pequeños y asumibles (de más fácil a más difícil), en entornos seguros y con apoyo.
4. Utiliza el humor para romper el ciclo
La dramatización exagerada (imaginar el miedo en versión absurda) puede restarle poder y ayudarte a ver su distorsión.
Cuando llega una crisis de ansiedad: qué hacer en ese momento
- Intenta moverte con lentitud. La lentitud y la ansiedad son opuestas. No siempre es fácil, pero con práctica se consigue. Ayuda mucho ir incorporando movimientos lentos cuando no estás en crisis.
- En el día a día, por ejemplo, aprovecho para detenerme en cada semáforo en rojo que encuentro por el camino (vivo en Barcelona, así que tengo unos cuantos) y observar lo que hay a mi alrededor. Es un gran entrenamiento porque es diario y son momentos muy cortos.
- Normaliza los síntomas: “Es ansiedad, no peligro. Pasará.”
- Cambia el diálogo interno: “Siempre me ha pasado y siempre se me ha pasado.”
- Técnicas sensoriales: agua fresca en la cara, olor calmante, textura suave.
- Minimiza los estímulos: busca un espacio más tranquilo y con menos luz. Si en este momento tienes muchas crisis de ansiedad, te recomiendo llevar gafas de sol y ponértelas si hay demasiada luz; también puedes usar canceladores de ruido. Ambas cosas ayudan mucho a reducir los estímulos externos que pueden agravar la ansiedad.
- Observa con curiosidad: no fuerces que se vaya, acompaña la ansiedad. Intenta recordar qué la ha detonado para poder gestionarla antes de que se dispare.
- Cuida la base (a largo plazo): sueño regular (si puedes; sé que a veces es difícil. Si te cuesta dormir, te recomiendo hacerlo con una meditación o música suave), menos cafeína, nada de alcohol, práctica de mindfulness, movimiento y un diario de ansiedad para detectar patrones.
¿Y si es un ataque de pánico?
- Recuerda: es intenso, pero temporal y no peligroso.
- Repite un mantra: “Esto pasará en unos minutos. Estoy a salvo.” También puedes tener una palabra-mantra que te relaje. Te recomiendo que elijas la tuya y la utilices siempre que notes ansiedad. Mi palabra-mantra es “gracias”, y me ayuda muchísimo.
- Relajación corporal: baja los hombros, relaja mandíbula y manos.
- Intenta no mantener la boca cerrada, ya que la mandíbula inferior sufre mucho con la ansiedad; si la dejas entreabierta, podrás relajarla mejor.
- Distancia útil: “Estoy teniendo un ataque de pánico; ya he tenido otros y siempre han pasado. Este también se desvanecerá.”
- Mini kit de emergencia: un caramelo, una pelota antiestrés, una tarjeta con frases que te calmen, tu lista de música favorita a mano y/o un papel con un aroma que te relaje.
Haz este ejercicio si… te sientes atrapada en el bucle de la ansiedad
- Escribe una situación reciente que te haya activado.
- Anota qué has sentido, pensado y hecho.
- Marca si hubo evitación y qué la reforzó.
- Diseña un micro paso de exposición (pequeño y realista) y cuándo lo harás.
- Escribe una frase de apoyo para repetirte mientras lo haces y léela en voz alta.
Recuerda: todo lo que practiques cuando no estás en crisis será tu mejor entrenamiento cuando llegue una.
Recuerda
El objetivo no es eliminar por completo la ansiedad, sino aprender a convivir con ella sin que domine tu vida.
Con práctica y constancia, el cerebro aprende nuevas respuestas.
Si la ansiedad te desborda o tienes crisis frecuentes, no lo enfrentes sola.
En Acompanya’t ofrecemos espacios individuales y grupales para entrenar herramientas, comprender lo que te ocurre y recuperar la calma y la confianza, paso a paso.
Escríbenos y lo hablamos con calma.

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